Señales de alerta 
Prevenir el consumo de drogas en los jóvenes es una tarea difícil, sobre todo si tomamos en cuenta que hoy en día es muy sencillo encontrar varios y peligrosos tipos de estas sustancias en círculos de cualquier nivel.

Los padres, por ser los principales responsables de la educación y orientación de los hijos, son los autores materiales de dicha labor de prevención, para lo cual solo cuentan con la comunicación como única y más efectiva arma.

Sin embargo esa comunicación es, por lo general, la primera en verse afectada no solo cuando los hijos entran en la etapa de pre-adolescentes o adolescentes, sino también cuando las drogas entran por primera vez a escena.

Por ello, nuestro equipo ha investigado las características conductuales más comunes en jóvenes que entran en contacto con las drogas. Dichas características entendidas como un todo y unidas a una situación de difícil comunicación, permitirán a los padres intuir si existen causas suficientes como para estar alerta. A continuación, se detallan.

Conductas preocupantes
Cuando una persona comienza a consumir drogas de forma más o menos habitual, se producen una serie de cambios en su conducta. Los más relevantes y que nos indican un posible uso de drogas son: 
   a) Cambio brusco de actitud: la persona se vuelve más irritable, fría y aislada 
   respecto al resto de miembros de la unidad familiar. El malhumor se enfatiza a
   la mañana después de haber salido (está sufriendo el mono).
   b) Desinterés por los hobbies y amigos que tenía hasta entonces: aparecen en 
   escena nuevos amigos que los padres catalogamos como de compañía poco o
   nada deseada.
   c) Pérdida de peso repentina y desgana.
   d) Pupilas dilatadas y ojos rojos al llegar a casa después de haber salido.
   e) No asistencia a clase: empiezan a llegar noticias preocupantes del 
   colegio/instituto sobre las faltas de asistencia del hijo/a.
   f) Aumento considerable de las salidas nocturnas: la apatía que muestra frente a 
   todo y todos desaparece cuando lo que se propone son salidas nocturnas. 
   Además, asociado a todo ello, comienza a existir un mayor gasto de dinero en 
   esas salidas. La “paga semanal” ya no es suficiente para toda la semana.
Ejemplos de la vida diaria
Sin embargo, muchas de estas actitudes comentadas podríamos llegar a decir que son normales en chicos y chicas que están pasando de la niñez a la adolescencia. Por ello, además, de todos estos cambios de conducta, analicemos ejemplos de la vida diaria que deben llamarnos la atención:
   a) Siempre que llega a casa después de haber salido, llega comiendo chicle o 
   caramelos. La misión, enmascarar el aliento.
   b) Cuando llega a casa después de salir, no se acerca a los padres. Mantiene 
   una distancia prudencial, se queda en la puerta del salón, no entra a charlar 
   con los padres.  Además, se apoya en la puerta para que se note menos su 
   inestabilidad debida al abuso de alcohol u otras sustancias.
   c) Usa mucho incienso, colonia o ambientadores para ocultar olores en su 
   habitación. La misión, enmascarar el olor a humo u otros productos químicos 
   que haya podido estar consumiendo.
   d) Desaparición de medicamentos en casa.
   e) Cuando se arregla el cuarto del chico comienzan a aparecer elementos que
   se pueden asociar al consumo de drogas: papeles de fumar, mecheros, pipas, 
   pequeñas bolsas de plástico con auto cierre, pequeños trozos de papel de plata 
   quemado... Se pueden encontrar además colirios que el joven utiliza para 
   enmascarar el rojo de los ojos o las pupilas dilatadas... 
   f) Pide dinero prestado con mayor frecuencia.
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